Tuesday, June 11, 2013

El Quijote oriental: Un ensayo para el siglo XXI




El Quijote oriental

            El Quijote que leemos no es el mismo Don Quijote que se encuentra por todo el mundo en bibliotecas de caoba, impreso en papel biblia, en tomos de cuero con letras doradas. El libro que leemos es ése que nos regalaron a los ocho años, ilustrado y adaptado para niños, que nos queda en la memoria para siempre; es un Quijote personal. Pero no nos percatamos de lo valiosa que es esta relación tan particular hasta que llegamos a leer el libro de Cervantes como adultos, y allí nos encontramos finalmente con el verdadero.
Con los años, hemos madurado, y la historia de El famoso hidalgo Don Quijote de La Mancha se ha vuelto más fascinante de lo que pudiéramos imaginar en el transcurso de los años, pero también se torna melancólica, reflejando la desilusión de un Quijote que pierde su fe en la humanidad. Es precisamente en este nexo de experiencia literaria y análisis teórico en que se vislumbran aspectos históricos del ambiente del escritor y su novela, que tal vez nos permitan acercarnos a nuevas posibilidades de interpretación. ¿Es el Quijote una obra estrictamente occidental, o existe la posibilidad, 113 años tras la expulsión semítica de España, que su ubicación temporal la defina como obra híbrida cultural y literaria? Es más; ¿es posible que el mismo Cervantes la escriba así, consciente de habitar tal crítico cruce de culturas? Naturalmente, es imposible considerar tales preguntas a no ser que sea retóricamente, no obstante el tema de la realidad cultural que puede haber habitado Cervantes me fascina cada vez más. En el primer capítulo del famoso libro, Orientalism, de Edward Said, el autor presenta la vasta extensión que ha llegado a llamarse el oriente, geográfica y culturalmente. Dice Said sobre la humanidad: “Men have always divided the world up into regions having either real or imagined distinction from each other. The absolute demarcation between East and West . . . had been years, even centuries, in the making” (39). Anclado en la edad entre el Renacimiento y el Barroco, Don Quijote demuestra la consciencia de aquella absoluta demarcación a que se refiere Said; pero Cervantes es además un sobreviviente de guerra entre el oriente y occidente, y producto de una tierra habitada por árabes por más de 700 años. En su vida como en su obra, creo que vemos más una fusión cultural perfectamente equilibrada.
            Hay varios capítulos que obviamente describen los encuentros entre Don Quijote y personajes árabes, moros y moriscos, pero me limito a una discusión de la historia del Cautivo (I:39)) y la de los moriscos Ricote y Ana Félix (II:63).
            La historia del Cautivo en la primera parte aparece en un lugar en la narrativa en que ya hemos leído varias novelas e historias intercaladas, habiéndonos habituado a leer las historias escritas, como “El curioso impertinente”, y las que se relatan a través de otros personajes, como lo es la historia de Marcela y Grisóstomo y también las historias que se cruzan y reúnen a varios de los personajes que están presentes cuando llega a la Venta el Cautivo con Zoraida. Siguiendo un patrón similar al de Las mil y una noches, los lectores nos vemos envueltos en historias que quedan enmarcadas dentro de los relatos de personajes viajeros. La historia de Ruy Pérez de Viedma, el Cautivo, nos lleva completamente fuera de la narrativa en que figuran Don Quijote y Sancho, ya que los personajes salen de España y salen del espacio temporal más limitado de otras historias. Es este aspecto se asemeja a las historias de peregrinos que viajan a lo largo de la ruta de la seda, y a través de las cuales se instruye al lector sobre pueblos, costumbres y eventos históricos que de otro modo no se sabrían.
            En el capítulo XXXVIIII, la descripción de lo que lleva puesto el Cautivo, es minuciosa: “. . . su traje mostraba ser cristiano recién venido de tierra de moros, porque venía vestido con una casaca de paño azul, corta de faldas, con medias mangas y sin cuello; los calzones eran asimismo de lienzo azul, con bonete de la misma color; traía unos borceguíes datilados y un alfanje morisco, puesto en un tahelí que le atravesaba el pecho” (240). Escrito en un castellano salpicado de palabras árabes que en esa época son parte del tejido del lenguaje, no deja de sorprender el cuidado de Cervantes como escritor en describir detalles como estos. La descripción también continúa con Zoraida, pero lo importante de ver en su personaje es su actitud, y cómo Cervantes nos deja en pocas palabras señales de que, por un lado tenemos a un personaje musulmán presentado como exótico, y por el otro, que los demás personajes saben exactamente cómo interpretar su atuendo y su comportamiento, cuando Zoraida “ni hizo otra cosa que levantarse de donde sentado se había, y puestas entrambas manos cruzadas sobre el pecho, inclinada la cabeza, dobló el cuerpo en señal de que lo agradecía” (ídem).
Se retratan además, personajes que, aunque se interesan en saber su historia, no se demuestran de ninguna manera hostiles para con el cautivo o con Zoraida. Dorotea, de hecho, es la única que parece servir de portavoz de la opinión popular, cuando pregunta si Zoraida es musulmana, diciendo que su silencio “nos hace pensar que es lo que no quisiéramos que fuese”. La respuesta del cautivo, quien dice que ella quiere ser cristiana, solo evoca de Luscinda la pregunta, “Luego, ¿no es bautizada?”, sugiriendo que sólo se trata de una diferencia académica (241).

La historia del amor entre Zoraida y Ruy  Pérez de Viedma transcurre a través de tres capítulos, incluyendo el largo episodio en que Pérez de Viedma adquiere los datos biográficos del propio Cervantes cuando fue prisionero de guerra, y son páginas repletas de referencias e información sobre la cultura musulmana que el narrador relata con completa autoridad. No hay duda de su verosimilitud. El encuentro entre Pérez de Viedma y la cultura musulmana tiene mucho que es posible analizar como el encuentro con “lo otro”. De acuerdo con Diane Sieber, el episodio del retorno a España por mar y las experiencias en Cava Rumía, señala un punto en que “Ruy Pérez has confronted alterity. His encounters while imprisoned in Algiers inform both his depictions of alien culture and his rereading of his former life in Castile” (Sieber 123). En efecto, el relato en primera persona del cautivo determina la actitud positiva que el resto de los personajes que están en la venta adoptarán con respecto a la unión de los dos amantes. En cuanto a Don Quijote, Cervantes ha creado una escena que concluye de manera solidaria, acercando a todos los personajes a la mesa, sentando a Zoraida junto a Luscinda como dos amigas. Es entonces, como cierre del relato, que Don Quijote encabeza su famoso discurso sobre las armas y las letras que sigue en el capítulo siguiente (242).
Contrastando con la feliz resolución otorgada a Ruy y Zoraida, en el capítulo LXIII la narrativa de la segunda parte se torna característicamente pesimista. La historia de Ricote y Ana Félix se desarrolla con el telón de fondo de la expulsión de los moriscos de España, en 1609. Si consideramos que Cervantes la concluye sólo seis años más tarde, los efectos del edicto de Felipe III se deben de haber hecho sentir precisamente en esa época. La introducción de este episodio comienza anteriormente con el encuentro entre Sancho y Ricote, que es su vecino en La Mancha, y quien le pide ayuda para recobrar su dinero y rescatar a su hija, Ana Felix. Las circunstancias de esta historia no se desarrollan como otras en que un personaje comienza a contarla. Esta vez, con los recursos literarios de un autor de ficción realista moderna, Cervantes lleva a los personajes a Barcelona, donde los eventos se desarrollan en un arco narrativo, acción siguiendo a causa, y cada evento causando el siguiente. Don Quijote y Sancho presencian el desenmascaramiento de Ana Félix cuando su bergantín es capturado y se le lleva a las galeras para ser ahorcada.
--Ni soy turco de nación, ni moro, ni renegado.
--Pues, ¿qué eres? –replicó el virrey.
--Mujer cristiana –replicó el mancebo.
--¿Mujer, y cristiana, y en tal traje, y en tales pasos? Más es cosa para admirarla que para creerla. (632)
El carácter emocionante de la narrativa en este punto, con sus reversos y peripecias, dejaría muy orgulloso al mismo Aristóteles. La estructura, asimismo, de la escena en que se captura el bergantín y Ana Felix—y luego su padre—se revelan ante todos, funciona con debido suspenso ya que dos de los soldados del virrey han sido muertos por la tripulación del barco de la muchacha que está vestida de arraéz. Es un momento cinemátográfico que resultaría clásico y de rigor hoy en día. No obstante, la escena posee mucho de los rasgos de los relatos en Las mil y una noches en que se detiene una pena mortal con la llegada del que es realmente culpable, o de un personaje que cuenta su penosa historia y consigue ablandar el corazón del califa que ha pronunciado la sentencia. En “La historia de las tres manzanas”, un rey está a punto de ahorcar a su visir cuando se descubre el culpable y cuenta su historia, lo que lleva a otros relatos hasta que finalmente se desenreda el misterio. De acuerdo con Husain Haddawy, el traductor de la más completa versión hasta ahora, The Arabian Nights está lleno de sorpresas y accidentes que producen lo inesperado; “Yet both the usual incidents and the extraordinary coincidences are nothing but the web and weft of Divine Providence, in a world in which people often suffer but come out all right at the end” ( Haddawy xv). Además, afirma Haddawy, que los personajes demuestran “el placer de una aventura maravillosa y un sentido de asombro que hace posible vivir la vida, mientras que los lectores se benefician al escapar a un mundo exótico en que se cumplen los deseos, y los actos de transformación se pueden apreciar en términos freudianos como la satisfacción de superar un obstáculo” (íbidem) (mi traducción). En la segunda parte de Don Quijote, claro está, su mundo se ha dado vuelta al revés, y Don Quijote tiene pocas razones para disfrutar su “aventura maravillosa.” Sin embargo, constato que los mismos elementos culturales que forman parte de los recursos literarios, existen en la imaginación de la época, y son inextricables del tejido de esta obra.
            Ahora bien, la estructura de la expulsión de Ricote es una que se entrelaza en el hilo de la narrativa, comenzando en el capítulo 54 y resurgiendo más tarde habiendo cambiado ya las circunstancias de la familia. Cuando Ricote entra en escena, la narrativa está en movimiento. La acción avanza hacia adelante con un fijo propósito, que es el de llevar a Sancho Panza a encontrarse con Don Quijote. Al hallar a su antiguo amigo y vecino nos encontramos con dos páginas de diálogo y varios pasajes de exposición en que se explica cómo se han desarrollado los eventos del edicto de expulsión. Aunque el episodio es breve, y luego volvemos a seguir a Sancho sin que se haya cambiado la dirección, el abarcamiento de la novela ha cambiado radicalmente, y de manera similar a lo que ocurre en la primera parte durante la historia del Cautivo: El mundo exterior o histórico ha entrado en la novela. Estos dos son puntos claves, aunque tienen efectos diferentes. Cuando aparece Ruy Pérez con Zoraida, el mundo exterior no entra en la novela directamente, sino que la narrativa nos lleva fuera en sentido geográfico al salir de España, pero sólo temporalmente, ya que el presente de la narrativa continúa tomando lugar en la venta. Es mediante la narrativa en primera persona que llegamos a la prisión de Argel. Es más, dentro de dicha narrativa, llegamos al tiempo en que Zoraida vive antes de conocer a Ruy Pérez.
            En la segunda parte, la trama de la novela realmente incluye la realidad del edicto, de la situación en que Ricote ha sido separado de su esposa y su hija, y más adelante en Barcelona, el desenlace parcial en que Ricote se reúne con Ana Félix. De nuevo, Cervantes introduce, en el personaje de don Gaspar Gregorio, la posibilidad de una unión matrimonial entre un cristiano español y una mujer que esta vez es descendiente de musulmanes. Se puede tal vez sugerir que el autor de esta trama desea proponer la aculturación musulmana en España, especialmente en vista de que los moriscos son ya conversos, y no “moros”. Cervantes claramente describe los intentos de Ricote de permanecer en España como cristiano, y la situación en que, a pesar de ofrecer “liberalmente” (LXIII) su dinero, se encontraría ya que el edicto le ha despojado de su hogar y sus bienes. Christina Lee, escribiendo en Hispania sobre el carácter poco fiable de Don Antonio Moreno, opina que a pesar de el retrato halagador de Moreno, “. . . muy al contrario de la exposición propagandista que nos hace el narrador aquí, el don Antonio que se va desmarañando es otro; sí ‘rico y discreto’ pero también fraudulento, avaro, calculador y cruel” (Lee 33). De hecho, a medida que se desarrolla el encuentro con don Antonio, Don Quijote queda mal parado, ridiculizado, y enfermo. Es un cruel desencanto el que presencia el lector en estos últimos capítulos que, a pesar de haber sido escritos con gran prisa como muchos estudiosos afirman, contienen elementos brillantes que retratan una época posiblemente decisiva para la nación que se deshacía de su propia gente, vaciando sus costas de los “otros”, aquellos que todavía, escasamente, se pudieran definir como tales. Con el final inconcluso de la suerte de Ricote, y de Ana y Gaspar, se divisa ya una España que se va quedando casi tan vacía como las ilusiones de Sancho y Don Quijote.
En conclusión, Don Quijote es una obra cuyo autor, Miguel de Cervantes, decide co-escribir con un ficticio historiador musulmán para relatar la historia de un ingenioso hidalgo, pero también de su cultura. En Don Quijote, se encuentran dos puntos claves, en la primera y segunda partes, en que la creación de personajes moros y moriscos en roles principales realzan la verosimilitud de la obra. Las historias de Ruy Pérez y Zoraida, y de Ana Félix y su padre Ricote, posicionan la narrativa en contacto con el mundo histórico exterior, algo que pocas novelas logran con éxito aun 400 años más tarde. Situada en un lugar y una época de crisis cultural en España, en que un importante sector de su población se desgajaba por segunda vez, Don Quijote es una obra de origen híbrido que comenta con una voz universal sobre la condición humana. En su totalidad, el Quijote es una obra como ninguna otra, y es difícil, sino imposible, juzgar el efecto que obras anteriores tuvieron en ella ya que casi toda la narrativa occidental que le sigue ha sido influenciada por El Quijote.
Cuadro original en óleo de José Romo Vargas, pintor chileno

Bibliografía
de Cervantes Saavedra, Miguel. El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. Madrid:
    Espasa-Calpe. 24 ed. 1970.
Césped, Irma. “El lector del Quijote, novela de la conciencia conquistada”. Revista Chilena de
     Literatura, No. 67 (2005): 69-89. Web. 2 noviembre, 2012.
Haddawy, Hussain, trans. The Arabian Nights. New York: Knopf, 1992.
Lee, Christina H. “Don Antonio Moreno y el ‘Discreto’ negocio de los moriscos Ricote y Ana
     Félix”. Hispania, Vol. 88, No, 1 (2005): 32-40. Web. 2 noviembre, 2012.
Said, Edward W. Orientalism. New York: Vintage Books, 1979
Sieber, Diane E. “Mapping Identity in the Captive’s Tale: Cervantes and Ethnographic
     Narrative”. Cervantes: Bulletin of the Cervantes Society of America. 18-1 (1998):115-33.
     Web. 15 October, 2012.
Véguez, Roberto A. “ ‘Don Quijote’ and 9-11: The Clash of Civilizations and the Birth of the
     Modern Novel”. Hispania. Vol 88, No. 1 (2005): 101-113. Web. 2 noviembre, 2012.